Sus dos pequeñas manos abrazaban fuertemente el brazo de Ximena mientras lloraba: —Mamá... buaaaa, mamá...
Mil palabras, en este momento, se reducían a un simple “mama”.
Ximena sintió un nudo en la garganta, las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
—Liliana, no llores más, ¿verdad que mamá está bien?
Pero en lugar de calmarse, Liliana lloró aún más fuerte.
Ximena frunció el ceño, confundida, y miró a Teresa, quien estaba parada a su lado.
Teresa estaba allí, con la mirada perdida.
Sus ojos esta