En la oficina, Eduardo comenzó a recoger los documentos sobre el escritorio.
Separó los más importantes, planeando organizarlos en un archivo para enviarle a Alejandro por la noche.
Cuando casi terminaba de ordenarlos, llamaron a la puerta de la oficina.
Sin levantar la vista, Eduardo respondió:
—Adelante.
La puerta se abrió y un hombre con gafas de sol apareció frente a ellos.
—Eduardo, ¿el señor Méndez está listo? Debemos irnos.
Al escuchar la voz, Eduardo y Seba levantaron la mirada hacia