Lo primero que pensó Alejandro fue en Ximena.
Rápidamente sacó su celular e intentó llamarla.
¡En ese momento, Ximena debía estar desesperada! ¡Tenía que llamarla!
Pero su teléfono estaba apagado cuando llamó.
Alejandro, frustrado, se aflojó la corbata y se dirigió apresuradamente a su oficina.
Después de pensar un momento, llamó a Jaime.
Pero Jaime tampoco respondía.
Al ver esto, Eduardo sugirió:
—Señor Alejandro, ¿por qué no intenta llamar al señor Mariano?
Alejandro se dio cuenta y de inmed