—¡Eduardo!— Seba miró ansiosamente a Eduardo. —¡Es el señor Felipe!
Eduardo se quedó atónito.
—¿Qué estás diciendo?
Alejandro preguntó por teléfono:
—¿Qué están diciendo ustedes?
Eduardo recobró la compostura y respondió con sorpresa:
—Señor Alejandro, temo que el señor Felipe ya no esté...
Él le explicó lo que acababa de presenciar.
En menos de dos minutos, Alejandro llegó al lugar.
A simple vista vio a Felipe ya sacado por Eduardo y Seba, yacía en el suelo.
Su nariz estaba gravemente deform