Alejandro reprimió cualquier muestra de preocupación que no debería haber sentido, abrió la puerta con indiferencia y salió del coche:
—Esta noche, ve a llevarle medicinas y avisa al departamento de personal para que tome tres días libres.
Al final, agregó de repente:
—Y contrata además a una sirvienta, para que cuide durante este tiempo en todo lo que se refiere a su alimentación y su bienestar.
—Sí, señor—afirmó Eduardo, su mirada se deslizó inconscientemente hacia la ventana panorámica de