—¡Eso no está bien!— Manuela levantó la barbilla con orgullo. —No puedo dejar ir fácilmente algo que te lastime. Pero Ximena, ¿cómo es posible que no puedas cuidar bien ni a uno ni a dos niños? ¿No será que en el futuro les pasará algo a los tres?
Al escuchar que sus hijos estaban siendo maldecidos, Ximena no pudo controlar su temperamento.
—¡¿Te atreves a maldecir a mis hijos?!
—No los maldije— Manuela encogió los hombros. —Es solo la realidad. Justo hoy vine a la empresa y, por mala suerte, me