Alejandro lo miró fríamente.
—¿Eres muy chismoso?
Mariano, incómodo, se rascó la nariz.
—Después de todo, esto pasó en mi territorio, necesito saber lo que está sucediendo.
Alejandro bajó la mirada y observó a Liliana, que descansaba en sus brazos con lágrimas en sus mejillas. Extendió la mano, acariciando suavemente su frente, y le explicó la situación a Mariano.
—¡Dios mío!— Mariano exclamó indignado. —¡Qué clase de desgraciado hace algo así!
Después de maldecir, Mariano se sentó junto a Ale