Liliana apretó fuertemente la ropa de Alejandro con sus pequeñas manos, y su cuerpo entero se esforzó por meterse en sus brazos.
—Papá... papá... quiero volver a casa, quiero volver a casa...
Alejandro sintió como si su pecho se hubiera rasgado como una hoja afilada. Sin saber por qué, extendió la mano y abrazó el cuerpo tembloroso de Liliana.
Con un destello de suavidad no percibida en sus ojos y cejas, dijo con voz profunda:
—Está bien, te llevaré a casa.
Justo cuando Eduardo y su equipo lleg