Jueves, madrugada.
Los Rodríguez.
El timbre del teléfono móvil despertó a Manuela, quien estaba de mal humor, y alcanzó el teléfono para contestar.
—¿Hola? ¿Quién es?
—¡Maldita! ¡Más te vale que no te encuentre! ¡Si lo hago, no dejaré ni rastro de ti!
Una voz ronca y grave resonó en su oído, asustando a Manuela y haciéndola despertar de golpe.
Ella bajó la mirada y miró el número de teléfono en la pantalla, con los ojos muy abiertos de horror.
¿Gonzalo? ¿No se suponía que su abuelo lo estaba per