—Estás loca—respondió Ximena, sin molestarse en prestarle atención, y se dirigió hacia el jardín de infantes.
—¿No te atreves a admitirlo, verdad?— gritó Manuela hacia la espalda de Ximena. —Si no te atreves, tengo formas de hacerte admitirlo por las buenas.
En ese momento, una pesadilla pasó por la mente de Ximena, apretando su corazón con fuerza.
Con un rostro serio, Ximena se volvió hacia Manuela y preguntó: —¿Qué estás planeando?
Manuela sonrió maliciosamente y dijo: —¿Tienes miedo de que se