En la noche, Ximena se dirigió al restaurante al aire libre para la cita. Cuando llegó, Kerri ya estaba sentado esperándola. Al ver a Ximena, él se levantó caballerosamente y le sostuvo la silla, diciendo de manera juguetona: —Mi querida G, por favor, toma asiento.
Ximena lo miró con resignación y dijo: —Kerri, no necesitas hacer todo este teatro. No estoy acostumbrada a ello.
Kerri rió con picardía y preguntó: —¿Qué te parece, G? ¿No me desempeñé bien?
Ximena estaba desconcertada y le preguntó: