—Muérdete el dedo hasta que sangre —dijo Jacinta.
Aunque Mateo no entendía por qué, obedeció y se mordió el dedo hasta hacerlo sangrar, ofreciéndoselo a Jacinta.
Jacinta tomó su dedo sangrante y trazó una línea de sangre en la frente de Liliana.
Luego en el filtrum y en la barbilla.
Mateo miraba confundido.
—Jacinta, ¿qué estamos haciendo?
—Ha perdido un fragmento de su alma, y ese fragmento está atrapado por fantasmas. Necesitamos tu sangre de yang puro para intimidar a esos fantasmas.
—¿Atrapa