Él recogió los sobres uno por uno, apretándolos fuertemente contra su pecho.
Wilmer no pudo contenerse más y se apresuró a ayudar a Fabián a recoger los sobres.
Mientras lo hacía, intentó consolarlo:
—Amigo, no le des más vueltas. Aunque algunos no crean en ti, ¡hay muchos que sí lo hacemos!
Fabián esbozó una débil sonrisa y respondió:
—No pasa nada, ya estoy acostumbrado.
Wilmer se detuvo un momento:
—¿Cómo que acostumbrado? ¿Acaso hay más gente que te trata así?
—Sí —contestó Fabián—. Los fami