Fabián se acercó a su abuela y le preguntó con preocupación:
—Abuela, ¿qué vas a hacer cuando seas mayor y te quedes sola aquí?
La anciana respondió con brusquedad:
—¡Eso no es asunto tuyo!
Acto seguido, se dio la vuelta y cerró la puerta de un portazo. Su actitud era tan fría que a cualquiera se le habría encogido el corazón al verla.
Fabián permaneció en silencio frente a la puerta durante un buen rato, con la cabeza gacha. Finalmente, apoyándose en su bastón, se dirigió hacia donde estaban Li