Liliana esbozó una sonrisa despreocupada. —Vale.
Rodrigo se dio la vuelta para irse, pero después de dar un par de pasos, notó que Fabián no se movía.
Se volvió y le agarró del brazo. —¿Qué haces ahí parado? Vámonos.
Fabián levantó la mirada hacia Liliana, pero ella ya se había dado la vuelta y caminaba hacia su asiento.
Lentamente apartó la vista y se giró para seguir a Rodrigo en silencio.
Por la tarde.
Liliana, sin ganas de atender a clase, dormitaba sobre su pupitre.
De repente, en medio de