—Sí, incluso los guardaespaldas conducen Mercedes de serie. No podemos ni imaginar ese nivel de riqueza.
Al escuchar sus comentarios, Fabián dejó silenciosamente sus libros sobre el escritorio.
Se sentó lentamente, con una emoción indescifrable en sus ojos bajos.
De repente, un compañero de cuarto se acercó y rodeó los hombros de Fabián. —¡Nuestro guapo! ¿Volviste de estudiar?
Fabián ocultó rápidamente sus emociones y levantó la cabeza con una leve sonrisa. —Rodrigo, si hablamos de apariencia, s