Leo se dio la vuelta y siguió a Manuela nerviosamente. Ambos subieron las escaleras en silencio hasta el segundo piso, donde Manuela finalmente se dio cuenta de que Leo la seguía. Se volvió y lo miró con disgusto, preguntándole bruscamente:
—¿Por qué me sigues?
Leo, apretando el puño con fuerza, respondió con miedo en sus ojos:
—Voy a mi habitación.
Manuela le gritó:
—Si quieres ir, entonces ve, ¡pero no camines como un fantasma detrás de mí!
Su grito llamó la atención de los dos niños en