¡Está bien! ¡Se salvó!
Una vez relajada, Ximena sintió un dolor punzante en el estómago.
Una fuerte náusea subió a su pecho, con una sensación ácida irritando su garganta de manera insoportable.
La mirada de Samuel se fue enfriando. —No esperaba que fueras tan afortunado.
Alejandro se rió fríamente, sus ojos llenos de una intensa oscuridad.
—Ciertamente tuve suerte. De hecho, tal vez debería agradecerte.
Samuel frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Alejandro dio un paso hacia Samue