Después de que la otra persona contestó, él metió una marcha y giró el volante mientras decía:
—En diez minutos, quiero ver a todos en el yate desaparecidos.
Su contención se debía a que Ximena aún estaba adentro. Nadie se había atrevido a ser tan insolente frente a él antes.
Desafiar sus límites tendría consecuencias; no los dejaría irse así sin más.
Al escuchar a Alejandro decir esto, el corazón de Ximena dio un vuelco.
¡Dentro había al menos veinte guardaespaldas, además de Samuel!
¿Acaso Al