En cambio, Damián, con tono despreocupado, dijo:
—Esto no tiene nada que ver con usted, señor Méndez, ¿verdad?
Ximena sintió un dolor de cabeza al escuchar esto. ¿Acaso eso no confirmaba que estaban abrazados? Ahora, cualquier intento de explicación sería inútil, ya que el camarero había desaparecido. Decir más solo parecería una excusa. Ximena suspiró en silencio, sintiéndose agotada.
Alejandro los miró con frialdad durante un momento antes de abrir los labios:
—De hecho, lo que ustedes hagan