Ximena luchó desesperadamente y gritó con fuerza:
—¡Suéltame!
El hombre le dio una fuerte bofetada, causando que sus oídos zumbasen y casi perdió el equilibrio.
Luego, el hombre la arrastró hacia el interior del coche y ordenó fríamente al conductor: —Arranca.
Ximena, temerosa de provocar una reacción violenta, dejó de resistirse. Sabía que no tenía oportunidad contra esta persona. Su prioridad era proteger a su hijo no nacido. Se pegó al asiento de la puerta y observó fijamente al hombre.
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