Me llevaron al hospital en ambulancia. Cuando desperté, estaba conectada a tubos por todo el cuerpo. El olor a medicamentos invadía mi nariz.
Toda la familia rodeaba mi cama. Madre, con los ojos llorosos, preguntó:
—Ana... ¿te sientes mejor?
Al verlos, usé mis últimas fuerzas para apartarlos:
—Váyanse... ¡aléjense!
La enfermedad me causaba dolor, pero ni siquiera era una milésima parte del daño que mi familia me había hecho. No quería verlos más. Todos me daban náuseas.
Diego se arrodilló junto