Estábamos tan sumidos el uno en el otro que pronto fuimos sorprendidos por una risita dulce.
Bajé la mirada encontrándome con los hermosos ojos de mi niña quien estaba cubriendo su boquita con ambas manos.
—Están enamorados —señaló divertida.
Miraba a su padre y a mí antes de echarnos los brazos al cuello juntándonos en un abrazo.
—¡Beso! ¡Tienes que darle un beso a mi mamma, papà!
—Alenka, ¿Qué sabes tú sobre besos? —gruñó su padre.
Mi dulce niña se sonrojó pero valientemente le respondió a Aa