Con una presencia imponente, difícil de ignorar, Yaritza instintivamente miró hacia su lado. Vio a un hombre vestido con una simple sudadera negra, llevaba una gorra negra, gafas de sol y una mascarilla negra. Aparte de su nariz recta y muy destacada, no se podía ver nada más. Su atuendo era tan impresionante como el de ella.
La ropa se puede cambiar, y la gorra, gafas de sol y mascarillas pueden ocultar por completo la apariencia. Sin embargo, la presencia innata y la frescura que emanaba de é