¡Diego había llegado! Teresa parecía ver por fin a su salvador. En un instante, después de moverse con gracia, cayó pesadamente sobre el escenario.
El desmayo fue realmente muy oportuno, sin duda, era el famoso maestro de actuación, manejando el momento con tanta precisión.
Yaritza, al ver a Diego, inmediatamente retiró su mano, pero era firmemente sostenida por David.
—Señor Morales —le susurró Yaritza.
—¿Qué pasa?
Él actuó como si no pasara absolutamente nada.
—Suéltame.
—Llámame David.
Yaritz