La señora Romero tenía una expresión grave, sosteniendo la mano agitada de Yaritza con una mano y la de David con la otra, murmurando constantemente. La última vez que David no regresó a casa por la noche, la anciana también lo hizo de esa manera. Era una plegaria en sogdiano para pedir seguridad.
—Abuela… —la llamó Yaritza en voz muy alta, a pesar de sus esfuerzos por contenerse, no pudo evitar sollozar.
—Muchacha, lo importante es que no resultaste herida.
La anciana le dio palmaditas muy suav