Su piel pálida quedó expuesta al aire, emanando un rojo seductor...
Él sonrió con gran malicia: —Hace cinco años, deberíamos haber sido una verdadera pareja.
Hacía un momento, estaba al borde de la ira, pero ella no se mostró inquieta ni temerosa. Pero ahora, el hombre frente a ella la hacía sentir extraordinariamente ajena…
¡Una repentina confusión sin razón aparente la sumió por completo en la desesperación! ¡Ella suplicaba y se debatía constantemente!
—¡No! ¡No me toques!
Las lágrimas giraban