—Almacén—dijo David con calma.
Faustino se estremeció. ¡Eran 3 millones de cuadros!
Miró la carta que tenía en la mano y murmuró: ¡La honra no tiene precio, la honra no tiene precio!
Cuatro horas después, el avión privado de Yaritza llegó a Montalaya.
Tan pronto como llegó a Montalaya, contrató veinte triciclos.
Cada triciclo llevaba pancartas, etiquetas y un megáfono atado, recorriendo todas las calles y callejones del pueblo.
—El gran hombre Escobar retribuye a los residentes del pueblo,