En ese instante fugaz, justo entre la multitud bulliciosa, lo vio destacándose de manera excepcional. Sus ojos se encontraron y él soltó una amplia sonrisa. Bajo el radiante sol, brillaba con resplandor.
...
En realidad, el caballo no tenía ningún problema, siempre y cuando no fuera ciego, se podía ver de un vistazo.
¿Cómo podría entonces, Luciérnaga tener problemas? Simplemente estaba abrumado por la victoria, pavoneándose con alas que le permitían convertirse en un pequeño caballo volador, es