Graciela acababa de llegar a casa, estaba agotada después de una larga mañana de consultas, sin parar. Se dio una ducha, y salió justo a tiempo, pues el timbre de la puerta sonó, indicándole que su cita ya estaba allí.
Abrió la puerta, despreocupada, observando a aquel hombre que la volvía loca. Era el hombre con el que más tiempo estaba aguantando, y eso era todo un logro. Quizás se debía al hecho de que Ulises estaba incluso más loco que ella.
Ponte la tele un rato, me pongo algo y nos vamo