CAPÍTULO 43
SIENNA
Dejo la puerta abierta y arrojo mi cartera al mueble de la esquina, me acerco a ella viendo rojo de rabia.
¡Maldita puta de mierda!
Levanto mi mano derecha y la estampo con fuerza en su mejilla, Tara abre los ojos sorprendida y desorientada. Cuando me ubica su rostro cambia a uno asesino.
—¡¿Que carajos?! —se levanta y en lugar de acomodarse la ropa ella me devuelve la cachetada, y la perra pega duro, no lo negaré. Pierdo estabilidad cuando me empuja hacia atrás, me agarro