VI

—¿Tienes frío, Kay?

—No. Me siento perfectamente en estas alturas. Pero dime, Greg, ¿has abandonado a tus enfermos?

— Cuando lo creas conveniente volveré a Nueva York. Vendré a verte todos los fines de semana. Será fácil. Se hallaban en el departamento amplísimo que tenían a su nombre en el sanatorio de Suiza. El director de aquel sanatorio era amigo de Gregory y éste compartía con su

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