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El señor, según las doncellas encargadas del aseo, descansaba en una alcoba muy lejos de su mujer Y luego durante el día apenas si se veían. ¿Quién tendría la culpa? Ella, la señora, era una monada de mujer y él, el señor, un hombre elegante y atractivo. Kay, ajena a los pensamientos de su doncella, terminó su tocado y bajó al vestíbulo. El taxi esperaba ya y subió a él temblándole

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