XI

Cuando Kay Ardrich abrió los ojos, volvió a cerrarlos con pereza. Súbitamente, se sentó en el lecho. La huella de la cabeza de Greg aún estaba allí. Saltó de la cama y se acercó al ventanal. El auto había desaparecido. Miró el reloj. Eran las once y media de la mañana. Se duchó y vistió luego rápidamente. Bajó al vestíbulo, Lena Ardrich ponía flores en un búcaro.

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