—Aquí está —dijo Carlos nada más entrar en la habitación VIP del hospital, equilibrando un portátil y un móvil en una mano y una carpeta de documentos en la otra, y dejando los objetos sobre la mesita junto a la cama.
Fernando levantó la vista, con la voz aún ronca y cansada, pero firme.
—Gracias, Carlos. ¿Y los negocios, cómo van?
Carlos se ajustó la chaqueta, con una sonrisa contenida.
—Todo bajo control. Adriano y el señor Duarte se están ocupando de las empresas, y la finca sigue funcionand