Natalia y Carlos pasaron el día en la sede administrativa; Carlos, con mucha paciencia, le explicó todo el proceso, lo que dejó a Natalia muy entusiasmada con la posibilidad de trabajar allí, sobre todo con los contratos internacionales.
El sol ya se ponía cuando el coche de Carlos entró en la avenida principal de la finca. La luz dorada atravesaba los árboles y se reflejaba en las ventanas de la casa grande. Natália, en el asiento del copiloto, seguía hablando animadamente sobre los contratos