Adentro, la puerta del despacho se cerró con un seco estruendo. El sonido resonó en las paredes revestidas de madera, haciendo que Natália se estremeciera.
Fernando se dirigió hacia el escritorio con zancadas largas, se quitó la chaqueta y la arrojó sobre la silla con un gesto brusco. Las venas de su cuello estaban tensas.
Natalia permaneció inmóvil en medio del despacho, con el corazón acelerado, tratando de entender el motivo de tanta furia.
Fernando se giró lentamente, con los ojos oscuros e