—Esmeralda, te lo he dicho mil veces: ¡entre Luna y yo no hay nada! No somos lo que piensas. ¡Y aunque uses el divorcio para amenazarme, no voy a mandarla al a vivir por fuera del país solo porque a ti se te da la gana!
Pensé que por fin había entendido que quería divorciarme de verdad, pero no. Cambió de tema, como siempre, echándome la culpa de todo, diciendo que estaba haciendo un berrinche y usando el divorcio para chantajearlo.
Esa sensación de estar hablando con una pared me frustraba dema