—No es nada, sólo un cortesito —David retiró su mano y se alejó un poco Luna.
En los ojos de Luna se pudo ver, por un instante, que se molestó, pero fue tan fugaz que él no lo pudo ver. Cuando levantó la vista hacia David, su expresión volvió a ser la misma de siempre: tierna y preocupada.
—David, por favor, ve a que te curen la mano primero.
—No hace falta. Primero te llevaré a ver al profesor Sierra.
Los padres de Esmeralda observaron cómo David cuidaba de Luna, tan preocupado por ella que inc