Por la noche, cuando recién me había quedado dormida, me despertó el sonido urgente de unos golpes en la puerta.
Como David siempre lograba saber la nueva contraseña, decidí ponerle una cerradura extra a la puerta. Ahora, solo podría abrirla desde dentro cuando regresara, así nadie podría entrar a mi casa sin mi consentimiento.
—Esmeralda, ¡abre la puerta!
Al escuchar la voz de David, me quedé sentada en el sofá en lugar de ir a ver quién era. Sabía perfectamente que venía a buscarme por lo que