El profesor era un hombre que disfrutaba mucho de cultivar flores. Florecían en cada rincón de su pequeña casa de dos pisos, lo que provocaba una sensación extraña al entrar, como si hubiera viajado en el tiempo a quizás el jardín del edén. De repente, no estábamos en el frío invierno, sino en la primavera, con todas las flores en plena floración.
Cuando el profesor entró en la casa, fue a regar sus flores, como si no estuviéramos ahí.
—Profesor Pavoné... —dije sonriendo mientras me acercaba.
El