Después de prepararme y tener suficiente confianza, por fin reuní el valor para llamar a Armando y pedirle que me acompañara a ver al profesor.
Durante el camino, estaba tan nerviosa que no dejaba de respirar profundamente.
Armando, sonriente, me miró.
—No necesitas estar tan nerviosa, eres la estudiante favorita del profesor.
Yo: —...
¡Mientras más pensaba en lo bien que me había tratado el profesor, más nerviosa y asustada me sentía!
Si no hubiera escuchado aquella conversación en la cafetería