La bufanda carísima que traía puesta también tenía varias pisadas marcadas.
Toda su pinta estaba hecha un desastre.
Después de que los guardaespaldas la ayudaron a ponerse de pie, se quedó un buen rato tratando de recuperarse.
La última vez, en el hospital de Blancheva, solo le dije unas cuantas palabras fuertes y ya no pudo con eso.
Ahora que la golpeé de verdad, se volvió loca.
—¡Esmeralda, vas a ver! Juro por Dios que si no hago que te mueras, ¡entonces yo misma me mato!
No entiendo de dónde