Me di la vuelta y vi a Fiorella parada en la escalera, mirándome desde arriba como si fuera un bicho que podía aplastar con un dedo.
Apreté los puños sin siquiera darme cuenta.
Fiorella vio eso y se burló en mi cara.
—Esmeralda, ¿ahora sí te arrepientes de haber sido tan atrevida la última vez?
No le contesté, solo cerré los puños con más fuerza.
Pensó que me quedaba callada por rabia, así que se rio todavía más, con ese aire de superioridad.
—Ojalá esta vez aprendas que cuando hay que arrodilla