Si no supiera nadar, definitivamente no dudaría ni un segundo y correría a pedir ayuda. Si no sobrevivía, al menos habría hecho todo lo posible y podría quedar tranquila conmigo misma. Pero sé nadar.
Después de casi ahogarme en la piscina, fui a ver a un psicólogo, y ya no le tengo miedo al agua. Lo que no sé es si podré salvar su vida. Aunque ya he recuperado mis habilidades, la confianza que tenía se ha ido por completo. Mi estado físico no es de por si tan bueno como antes.
Justo cuando e