Mirando los papeles al lado de David, que parecían una pequeña montaña, no pudo evitar reírse con desprecio:
—Mira pues las vueltas da la vida, Davidsito, no solo dejas que ese hombre gaste el dinero que tanto te costó ganar, ¡ahora pues hasta vas a trabajar para mantenerlo!
—David, ¿cuándo te volviste tan bobo?
David miró las fotos en su celular sin decir nada. Pero su mano derecha, que sostenía el bolígrafo, estaba tan apretada que parecía que iba a romperlo.
La naturaleza rebelde de D