Cuando entré al tribunal, sentí una mirada llena de odio clavarse en mí. Al cruzar mi mirada con la de Luna, ella me observaba como si deseara lo peor venir hacia mí, levanté una ceja y sonreí con arrogancia.
Levanté la cabeza y la miré, mis ojos dejando claro: ¿Qué pasa si me deseas tanta maldad? El que va a perder no soy yo, ¡sino tú!
Mi actitud desafiante hizo que Luna me odiara aún más. Nunca había deseado tanto mi muerte como en ese momento. Pero no importaba cuánto lo quisiera, ya no te