Mientras esperaba los resultados de los exámenes, no pude evitar preguntarle a Armando por nuestro profe. En su momento, cuando dejé mis estudios para dedicarme a los negocios y abandoné mi oportunidad de hacer un posgrado, la mirada de decepción de mi supervisor me dejó tan marcada que durante años ni siquiera lo contacté.
Lo único que hacía era mandarle mensajes de buenos deseos en ocasiones especiales.
Mi supervisor en serio me había entregado su corazón y dedicación. Era, después de mi abuel