Yo sabía que él no quería que lo apuñalara de verdad. Solo quería que dudara, que me asustara y que, al final, mi corazón se ablandara. Era su truco de siempre. Cada vez que hacía algo que me molestaba, usaba la misma estrategia: o se hacía el lastimado para que lo golpeara y me desahogara, o se lastimaba a propósito para que me preocupara por él y olvidara lo que había hecho.
Él seguía siendo el mismo de siempre. Pero yo… Ya no era la misma de antes. Me reí con indiferencia y di un paso atrás,