Se me ocurrió una idea. Saqué todo el dinero que tenía en el bolsillo y lo tiré al suelo, esparciéndolo por todos lados. También saqué mi reloj. Cuando la gente ve dinero o cosas de valor, tienden a recogerlo por puro instinto. Esto no tomará mucho tiempo, pero cada segundo cuenta. Un segundo más puede salvar mi vida.
De verdad, quiero seguir viviendo. Eso despertó un potencial que nunca había sentido antes, permitiéndome, a pesar de estar llena de acero y tornillos, llegar hasta la cima de la